Universo Fiordor

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2026-08-14

LOS ÚLTIMOS DÍAS EN EL PLANETA TIERRA

Los párpados pesaban demasiado pero tercamente se negaba a cerrarlos. Los sonidos de su alrededor, que hasta hacía nada le habían reventado los tímpanos, se iban amortiguando, como alejándose de ella, separándola del horror que había vivido los últimos meses. Tan siquiera tenía fuerzas para mover la cabeza y ver si el resto seguía allí… tampoco quería que la imagen de la carnicería humana fuese lo último que viera antes del final. Y sabía que este llegaría pronto.

Hasta el dolor de las balas, que la habían alcanzado de lleno, comenzó poco a poco a abandonarle. Alguna le habría cortado algún nervio importante y casi se alegró. Solo podía pensar en que el mundo había sido muy pequeño para tanto odio y fanatismo. Para variar, el tema religioso seguía siendo la causa principal. ¿Qué más daba si había o no un Dios creador de todo, o que la evolución hubiese llegado tan lejos que explicara nuestra existencia?, ¿realmente era tan importante la respuesta como para llevar a la humanidad casi a la extinción?

Era una pena no llegar a ver cómo sería el futuro si por fin se pudiesen ir a todos esos planetas que se habían descubierto en las últimas décadas. Gracias al crecimiento exponencial de la carrera espacial, consecuencia de la mejora de la IA, la robótica y los nuevos motores interestelares habían convertido en posible lo que durante siglos no había sido más que una fantasía. La IA había identificado un puñado de planetas aptos para la vida humana, concretamente doce mundos con biofirmas prometedoras. Solo ocho habían sido examinados por sondas robóticas y ninguno estaba completamente cartografiado. Alicya lamentó no poder ver aquel futuro.

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La guerra ya había reducido la humanidad a unos pocos millones. Estaba convencida de que, teniendo más espacio, las dos facciones más radicales de la humanidad hubiesen tenido un lugar sin necesidad de pegarse con los de ideas opuestas. Pensó que cuando la humanidad dispusiera de otros mundos, los dos bandos encontrarían por fin un lugar propio. Quizá habría suficiente espacio para que nadie tuviera que matar a quien pensaba de forma distinta.

Poca gente de ambos bandos tenía el dato de que la IA había tomado conciencia de sí misma; pero nadie sabía que esa conciencia había decidido, en mitad de la guerra, actuar igual que sus creadores y fabricar en secreto naves propias para escapar de aquel mundo sin un futuro cierto. Ambos bandos notaron que las computadoras del frente se ralentizaban, como si sus procesadores estuvieran ocupados en otra parte. Nadie sospechó que, mientras los humanos se mataban, las máquinas planeaban su propia fuga.

No lo sintió, pero una lágrima solitaria recorrió su curtido y polvoriento rostro mientras sus ojos se cerraban para siempre. Consiguió rescatar uno de los pocos recuerdos felices de su infancia: el miedo seguía allí, pero también las voces de su familia y el calor de unos brazos que entonces parecían capaces de protegerlo de todo. Alicya nunca supo que el mismo día de su muerte coincidió con la firma del tratado de paz que terminó con aquella maldita guerra.

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Las grandes naves estaban construidas, abastecidas y esperando en órbita y la evacuación llevaba años preparándose. A las 20:26 de aquella tarde quedaron definitivamente repartidas todas las arcas interestelares, los corredores de navegación y los nuevos mundos. Se esperaba una última gran lucha durante las siguientes semanas, pues ninguno de los dos bandos estimaba que las naves que les correspondían eran suficientes, pero la humanidad estaba demasiado agotada. Finalmente, solo surgieron pequeñas escaramuzas.

Un mes después, el último convoy abandonó la órbita terrestre. Un mes después La Tierra quedó, por primera vez en miles de años, completamente desierta.

Admin - 00:15:39 @

  






  



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